lunes, 4 de febrero de 2019

TECNOLOGÍA EDUCATIVA: CARACTERÍSTICAS Y EVOLUCIÓN DE UNA DISCIPLINA


TECNOLOGÍA EDUCATIVA: CARACTERÍSTICAS Y EVOLUCIÓN DE UNA DISCIPLINA

Ana García-Valcárcel Muñoz*
La tecnología educativa, como disciplina enmarcada en las ciencias de la educación, y de forma más amplia, en las ciencias sociales, se encuentra en permanente interrelación         con      éstas.   Por       esta      razón, empezaremos este      artículo            analizando       las características de las ciencias sociales y cómo se han ido transformando a lo largo del siglo XX, incidiendo directamente en los objetos de estudio y las estrategias metodológicas, para adentrarnos luego en la evolución propia de la tecnología educativa y las distintas concep-tualizaciones y enfoques que hoy en día se mantienen sobre la citada disciplina.
LAS CIENCIAS SOCIALES COMO CONTEXTO ACADÉMICO DE LA TECNOLOGÍA EDUCATIVA
En el campo educativo, el desarrollo científico se ha visto fuertemente influido por la filosofía, la sociología y la psicología, marcando pautas teóricas y metodológicas que han determinado, en gran medida, la investigación educativa llevada a cabo hasta ahora. Al igual que las ciencias mencionadas, las ciencias de la educación han evolucionado desde perspectivas puramente cuantitativas y positivistas a líneas más interpretativas y cualitativas, dando cada vez mayor relevancia al contexto (contextos escolares y educativos) y a los discursos sociales y culturales.

En la segunda mitad del siglo XX se han producido cambios trascendentes en el marco conceptual de las ciencias sociales. Posteriormente a la Segunda Guerra Mundial, en el ámbito de las ciencias sociales se impuso un enfoque empíricoanaKtico, lo que supuso interpretar el carácter de la ciencia bajo las premisas de la verificabilidad de los conceptos y la construcción de teorías de corte hipotético-deductivo. Este enfoque, identificado como el modelo científico por antonomasia, y basado en la aproximación experimental y las formulaciones matemáticas, provocó una visión unificada de la ciencia, excluyendo otros posibles enfoques.

Sin embargo, a mediados de la década del sesenta, el panorama científico empieza a cambiar de forma significativa. Autores como Kuhn, Lakatos o Toulmin propician la aparición de una nueva filosofía de la ciencia que contradice en muchos aspectos el modelo científico precedente. Sus aportaciones tratan de desmontar el valor de la experimentación como garantía exclusiva del carácter científico de las teorías, critican que el conocimiento humano esté dominado por teorías provenientes de la física teórica y la matemática, y aceptan la elaboración de nuevas teorías que sustituyan a otras precedentes. Como consecuencia, la ciencia se abre a nuevos enfoques, planteándose también como una actividad interpretativa, de modo que cuestiones como la ideología, el lenguaje, la comunicación, el significado, etc., pasan a tener una importancia relevante. Surgen concepciones holísticas que tratan de interpretar de manera más global las dimensiones de una cultura que aparecían interconectadas. La neutralidad de la ciencia se replantea, y de un modelo científico prácticamente único se pasa a la cohabitación entre diferentes concepciones. En este marco, la etnografía, la fenomenología, el interaccio-nismo simbólico (Dewey, Mead), el estructu-ralismo (Lévy-Strauss en antropología, Foucault en filosofía, Piaget en psicología) y la teoría crítica (Habermas), han aportado, a lo largo de las últimas décadas, un bagaje científico que hoy resulta clave, precisamente por su procedencia interdisciplinar.

Durante la década del setenta, las ciencias sociales diversifican sus problemas de investigación, generando nuevas áreas de estudio que tienen como característica fundamental su creciente interdependencia y su visión interdisciplinar. En Gran Bretaña surge una importante corriente denominada estudios culturales, integrada por autores como Bennett, Clark o Hall, que analiza los conflictos sociales centrándose en el estudio de los símbolos desde una perspectiva marxista. Esta corriente tuvo una influencia significativa en la configuración del pensamiento crítico en el campo de la educación anglosajona, que se expresará más adelante a través de autores como Stenhouse, Elliot, Carr o Young. Las nuevas corrientes que van surgiendo reivindican el estatus científico, muchas veces criticando las teorías dominantes; de este modo, se establece una coexistencia no del todo pacífica entre positivistas, fenomenólogos, estructuralistas o críticos.

Trasladando este debate al terreno educativo, encontramos diferentes fundamentaciones epistemológicas de las ciencias de la educación. Podemos decir, siguiendo a Giddens (1990), que las corrientes científicas que marcan el discurso teórico actual en el ámbito educativo, así como en otras ciencias sociales, son:
a.    El interaccionismo simbólico. Se trata de un enfoque sociológico que trata de centrarse en los procesos de comunicación humana, apoyado en el concepto interacción y subrayando el carácter simbólico de la acción social. John Dewey y George Herbert Mead son los autores más representativos de esta corriente.

b.    El estructuralismo y postestructuralismo. El estructuralismo fue un movimiento que, partiendo de la lingüística, trató de anali zar una gran variedad de temáticas vincu ladas a las ciencias sociales. Saussure y Lévy-Strauss se pueden considerar estruc turalistas, siendo Derrida el autor que mar ca la transición al postestructuralismo, co rriente a la que se vincula KÓhler, Koffka, Wertheimer, Goldstein, Maslow, Lewin, Piaget, etc. Se trata de una propuesta que, por una parte, considera la lengua vincula da a la actividad mental del sujeto que ha bla; pero, por otra, la lengua es un resulta do de un sistema de representaciones so ciales utilizado por una comunidad. Filó sofos como Wittgenstein y Derrida plantean la "deconstrucción" de los modelos teóri cos para detectar los errores de partida de las teorías. Este concepto ha sido retomado por algunos representantes de la corriente crítica en educación, tanto en el marco ge neral de la teoría curricular (Cherryholmes, 1988), como en el más específico de la tec nología educativa (Yeaman y otros, 1994).
c.    La etnometodología. Enfoque desarrollado en el ámbito de la sociología, vinculado a Garfinkel (1967); trató fundamentalmente sobre la teoría de la acción social, la natura leza de la intersubjetividad y la elaboración social del conocimiento. Se postula que las estructuras sociales salen a la luz mediante la observación de las conductas y de las acciones prácticas de los sujetos que consti tuyen las comunidades sociales. La conduc ta es un rol motivado por valores compar tidos y expectativas culturales a través de los cuales es posible entender los significa dos que la sustentan. El estudio de la interacción basada en el lenguaje, a través del análisis conversacional, es una característica distintiva de la metodología.

d.   La teoría crítica. Se vincula al círculo de in telectuales del Instituto de Investigación So cial de Frankfurt, que trabajaron en torno a Horkheimer durante la década del treinta y trataron de elaborar una teoría social de orientación filosófica y base empírica (Ador no, Marcuse, Lówenthal, Pollock). La ma yoría de estos autores tuvieron que exiliarse a raíz de la Segunda Guerra Mundial y con tinuaron su labor en Estados Unidos. En tre sus seguidores, la obra de Habermas (1972, 1982, 1987) es considerada como el enfoque más importante derivado de esta teoría crítica. Una de las propuestas más sugerentes de este autor es la idea de la intersubjetividad lingüística de la acción social.
e.   La psicología. Un gran campo de desarrollo de las ciencias sociales lo constituye la psi cología. En la historia de la psicología se pueden distinguir dos partes bien diferen ciadas: una primera marcada por el conductismo y la segunda por el enfoque cognitivo. El conductismo y la psicología cognitiva han tenido una especial relevan cia en el campo de la tecnología educativa, fundamentalmente a través de la psicolo gía instruccional. Actualmente, se están abriendo nuevos tipos de estudios desde enfoques como el constructivismo, apoya do en reelaboraciones de autores como Piaget, Vygotski, etc.
EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA TECNOLOGÍA EDUCATIVA
A pesar de que se puede vincular el origen de la tecnología educativa a la historia de la educación, señalando como antecedentes de esta disciplina a los autores más representativos de la pedagogía, desde Sócrates y Comenio, Pestalozzi, Froebel, etc. (Saettler, 1990), el concepto tecnología educativa no aparece hasta 1941 en la Encx/clopedia of Educational Research. 

Se puede decir, pues, que la tecnología educativa surge como disciplina pedagógica en
Norteamérica a mediados del siglo XX, aunque no debemos olvidar que sus raíces se encuentran en el desarrollo de la didáctica y que aquella no se articula como campo de estudio diferenciado hasta la década del sesenta (Eraut, 1994).

La caracterización de la tecnología educativa que realiza Seattler, introduce como su base consustancial la perspectiva científica de la ciencia física, un sentido artefactual, centrada en los medios de comunicación y las teorías psicológicas -primero los conceptos conduc-tistas y luego los cognitivistas-. Según este autor, hay un punto de ruptura en la historia de la didáctica que se produce entre 1900 y 1950 con el desarrollo de la tecnología de la instrucción y la importancia de los medios de comunicación social (cine, radio, etc.) y sus posibilidades educativas. En este sentido, la Segunda Guerra Mundial produjo un fuerte impacto en el desarrollo de la tecnología educativa. A partir de entonces, la Administración americana crea institutos de investigación educativa, en los que se da un papel preponderante a los proyectos de investigación y desarrollo, aunque los avances en este campo no eran fáciles debido a la falta de fondos, de poder, de continuidad y enfoque en los programas, de personal de calidad, etc.

En la década del sesenta se empieza a hablar de comunicación audiovisual y el estudio de los medios se reorienta para centrarse en los procesos de comunicación producidos en el aula. Esta década aporta el despegue de los mass media como factor de extraordinaria influencia social y la reflexión sobre los modelos de comunicación al uso. Esta temática será incorporada al corpus de la tecnología educativa, orientada a las aplicaciones educativas de los medios de comunicación de masas.

Otra línea de desarrollo inicial de la tecnología educativa se sitúa en la enseñanza programada, la cual marca su inicio en los países eu-ropeos (principalmente en Gran Bretaña y Francia). Los principios de la enseñanza programada se basan en las propuestas de Skinner para aplicar la teoría del condicionamiento operante a las situaciones de aprendizaje. Así, las aportaciones de la psicología del aprendizaje se convierten en una fuente clave para la tecnología educativa. Con este enfoque, esta última aborda el diseño de sistemas de instrucción en los que se proponen actuaciones como la especificación de los objetivos en función del aprendizaje, la individualización de la instrucción o la elaboración de materiales estandarizados (Chadwick, 1987), asumiendo los principios de la modificación de conducta. Esta corriente da lugar a importantes revistas (Programmed Learningan Educational Technology, en Gran Bretaña; Enseignement programmé, en Francia) y asociaciones (Association for Programmed Learningan Educational Technology) que marcarán el rumbo de la tecnología educativa durante un largo período de tiempo, tanto en Estados Unidos como en Europa.

En la década del setenta, el desarrollo de la informática consolida la utilización de los ordenadores con fines educativos, desarrollándose aplicaciones que siguen los principios de la enseñanza programada y la enseñanza individualizada. Se trata del software de enseñanza asistida por ordenador (EAO), el cual ha tenido una gran influencia en el diseño de materiales didácticos.

En definitiva, en sus inicios, la tecnología educativa se relacionó con el uso de instrumentos tecnológicos para enseñar (máquinas de enseñar y demás artefactos) y la planificación eficientista de la enseñanza, ligada a autores como Skinner, Gagné, Suppes o Thorndike e ignorando los planteamientos de las corrientes renovadoras americanas: Bruner, Dewey, Kilpatrick... o las propuestas de la pedagogía europea: Piaget, Decroly, Freinet, Montessori, Vygotski... De modo que, como señala Quintana:

La preocupación por la metodología, el valor de la manipulación de materiales como puente entre lo concreto y lo abstracto en la formación de conceptos, el papel mediacional de los materiales o su consideración como instrumentos psicológicos, la importancia de la conexión entre los contenidos culturales y la realidad, la contextualización del aprendizaje de algoritmos y procedimientos, los métodos naturales, el valor de la significatividad de los aprendizajes, etc., no formaron parte de las bases teóricas de la tecnología educativa (1997,128).
Este origen ha supuesto, de alguna manera, un lastre para el desarrollo de esta disciplina y ha llevado a una implantación bastante sesgada de la tecnología educativa, realizada mayoritariamente bajo presupuestos asocía-cionistas y la obsesión por la concreción educativa de la teoría general de sistemas.
Por una parte, la tecnología educativa se conceptualizó como el estudio de los medios y recursos instructivos, si bien el estudio de los mismos se realizaría desde ópticas muy diferentes, en función de las teorías psicológicas y pedagógicas vigentes en cada momento. Así, se empezaron a analizar los medios desde perspectivas muy conductistas, utilizando técnicas empiristas y con poca fundamentación teórica sobre el estudio de los medios (enfoque técnico-empirista, desarrollado en las décadas del cincuenta y del sesenta). El desarrollo de la psicología cognitiva lleva a la tecnología educativa a preocuparse de los efectos de los medios sobre el aprendizaje, analizando la interacción entre la cognición de los sujetos, los sistemas de representación simbólica de los medios y el contexto de uso de los mismos (enfoque simbólicointeractivo, desarrollado en la década del setenta). Posteriormente se replantea esta perspectiva, incorporando el currículo como principal marco para el estudio de los medios en la enseñanza (enfoque curricular, desarrollado en lo década del ochenta). En esta década se habla de incertidumbre, crisis y desasosiego (Kaufman, 1980; Hawkridge, 1981; Ely y Plomp, 1986; Gentry, 1991). El discurso tecnocrático y la concepción técnico-racional del currículo entran en crisis, a la vez que emergen corrientes curriculares de naturaleza interpretativa y sociocrítica.

Surge la necesidad de efectuar una lectura después de la modernidad (Colom y Mélich, 1994) o una lectura posmoderna de lo que significa "tecnología educativa" en la Europa de finales del siglo XX y principios del XXI. Una muestra de esta necesidad fue el planteamiento de las III Jornadas Universitarias de Tecnología Educativa, celebradas en Barcelona en 1995, cuyas conclusiones se recogen en la obra de Alonso (1997).

En otros casos, se concibió la tecnología educativa con un sentido más amplio que los recursos instrumentales de la enseñanza. Se entendió la tecnología educativa como tecnología de la enseñanza o de los procesos educativos, considerando que la tecnología significaba aplicar el conocimiento científico a una determinada actividad humana con el fin de incrementar la calidad y productividad de dichas acciones.

Se definió la tecnología educativa como un campo de estudio interesado por el diseño y control científico de los procesos de enseñanza, como una teoría de la enseñanza, tratando de relacionar la tecnología educativa con la ingeniería de la educación y englobando prácticamente toda la vertiente aplicada de lo que en nuestro contexto cultural ha formado parte de la didáctica, haciendo especial referencia a los medios de enseñanza, sobre todo desde que aparecen las tecnologías de la información y comunicación, a las planificaciones docentes altamente definidas, prescritas y objetivadas. Esta perspectiva tecnocrática fue el paradigma dominante en las décadas del sesenta y del setenta.

En la actualidad se ha cuestionado esta perspectiva hegemónica que durante largo tiempo ha dominado la práctica educativa, nutrida de positivismo, análisis y gestión de siste-mas, intereses de control y preocupación desmesurada por la racionalización de lo educativo. La tecnología educativa tiene que contemplar un conjunto de nuevos referentes y plataformas como las que sugieren Habermas o Rorty tratando de poner en relación la tecnología de la educación con una perspectiva ética y moral, y con una matriz no funcionalista desde la cual interpretar la comunicación-; Foucault, Derrida, Deleuze, Lyotard -ofreciendo claves de lectura e interpretación del poder-; Freiré o Giroux con sus propuestas emancipatorias-; Appel -con las críticas sociocurriculares, las contribuciones del feminismo, etc.-. Como señala Escudero, se trata de una apuesta encaminada a reinterpretar la tecnología educativa desde una mezcla, quizás explosiva pero sin duda rupturista, de teoría crítica, postestructuralismo, teoría feminista, literatura y semiótica, teoría de la cultura y antropología [...] (1997,47).

A la década del noventa podríamos denominarla de reconceptualización de la tecnología educativa desde una perspectiva multidisciplinar y crítica. En esta fase se ha cuestionado el objeto de estudio de esta disciplina, la visión eficientista de la enseñanza para mejorar la educación escolar y las aportaciones realizadas hasta el momento.

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Desde un análisis crítico sobre la evolución del concepto de tecnología educativa, se observa que éste se ha producido de forma dialéctica (Gallego y Alonso, 1997), entendiendo la dialéctica como un movimiento vivo en su propia entraña, un automovimiento que consiste en determinarse a sí mismo, con momentos contradictorios que se anulan unos a otros para reabsorberse constantemente en un movimiento progresivamente procesual. Según estos autores, el recorrido dialéctico que ha vivido y vive la investigación epistemológica sobre tecnología educativa puede concretarse en diez tesis y antítesis, que de modo esquemático resumimos en estas ideas:
1.      La tecnología educativa supera lo que podría denominarse tecnología de la instrucción.
2.      El maximalismo (tecnología educativa igual a didáctica) y el minimalismo (tecnología educativa igual a medios audiovisuales) han acompañado el devenir de la tecnología educativa.
3.      La tecnología educativa debe ser una forma de humanismo, superando la clásica oposición entre valores tecnológicos y humanistas.
4.      La tecnología educativa se encuentra entre la cacharrería educativa (uso de los medios) y el diseño instructivo.
5.      La tecnología educativa debe compaginar la teoría y la práctica, interesándose por lo aplicable y la resolución de problemas, pero con sólidas fundamentaciones conceptuales.
6.      La tecnología educativa debe ser un cauce para la creatividad, sin dejar de ser críticos con los medios y sus repercusiones sociales.
7.      La tecnología educativa estudia las estrategias de enseñanza de carácter multi-medial, integrando las viejas y las nuevas tecnologías.
8.      Es necesario buscar la síntesis entre la acción empresarial (realizaciones tecnológicas) y la acción académica (reflexiones), estableciendo equipos multidisciplinares.
9.      El paso del conductismo al cognitivismo se ha de dar tratando de aprovechar lo positivo de las distintas teorías del aprendizaje, según el tipo de alumnos y el tipo de aprendizajes.
10.  La tecnología educativa no se ha de con fundir con informática educativa, aunque ésta debe ocupar un espacio importante en los programas de tecnología educativa.
Hoy en día asumimos que es necesario redefinir los problemas implicados entre las
tecnologías y la educación, ya que nos encontramos viviendo tanto cambios cualitativos en cuanto a las posibilidades de comunicación y acceso a la información, como también estamos profundizando en las características de una sociedad mediática frente a una expe-riencial. Por otra parte, se hace patente la necesidad de trabajar sobre bases teóricas que integren, de forma global, las aportaciones de diversas disciplinas del campo de las ciencias sociales, preocupadas por las relaciones entre la tecnología, la sociedad, la cultura y la educación. Nos referimos a la teoría de la educación, psicología educativa, sociología de la cultura, teoría de la comunicación, teoría de la información, teoría del currículo, etc.
Actualmente podemos decir que hay que avanzar tanto en el conocimiento de los sistemas de representación y codificación de la información en los medios, de los procesos cognitivos de los sujetos cuando aprenden a través de los medios, de las formas expresivas del lenguaje textual y audiovisual, de cómo manipular las distintas variables implicadas en el diseño de medios para incrementar la eficacia comunicativa de los mismos, de las actitudes del profesorado hacia los medios y nuevas tecnologías, el diseño de nuevos materiales didácticos... como en el conocimiento de los fenómenos culturales y escolares que están íntimamente vinculados con el desarrollo tecnológico. En esta perspectiva, se está trabajando actualmente desde posiciones más sociocríticas, políticas y culturales (Sancho, Área, De Pablos, entre otros).
En resumen, la tecnología de la educación ha evolucionado a lo largo de su breve historia, desde enfoques puramente tecnológicos que han pretendido entender y explicar mejor lo educativo mediante el aislamiento de las variables y el desprendimiento de sus dimensiones valorativas y contextúales con vistas a garantizar la generalización de las propuestas de intervención, hasta planteamientos más interpretativos y

contextúales, en los que se aborda la educación como fenómeno social,

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político, cultural e ideológico, bajo la primacía de valores sociales y culturales más amplios, análisis alternativos de tipo ético y antropológico, basados en el pensamiento crítico. Se aboga por una reflexión, sobre los medios y mediaciones pedagógicas, interactiva y dinámica, en la que se combinen categorías como equilibrio entre códigos y formas de expresión y representación del conocimiento, poder y dominación social, factores relacionados con el género y las diferencias socioculturales, etc. Se asume, pues, que los medios no pueden ser aislados de sus contextos sociales de pertenencia y producción, ya que son recursos que codifican el conocimiento y la cultura de una determinada manera y en función de unos intereses más o menos explícitos.
EL DESARROLLO DE LA TECNOLOGÍA EDUCATIVA EN ESPAÑA
En España, la introducción de la enseñanza programada supone el inicio de la tecnología educativa, tal como sucedió en otros países europeos. El primer texto editado en España fue realizado por el profesor De la Orden, en 1964, y los primeros trabajos sobre esta temática se realizan bajo la dirección de Fernández Huerta en la Universidad de Barcelona, extendiéndose en el ámbito universitario a finales de esta década.
En relación con la enseñanza audiovisual, se observa una perspectiva centrada en el conocimiento y manejo de los aparatos. En 1969, el Centro de Documentación y Orientación Didáctica de Enseñanza Primaria (CEDOCEP) edita un estudio con el título de Tecnología
audiovisual y educación, en el que se puede apreciar esta concepción instrumentalista de los medios (Rodríguez Diéguez, 1994). En este mismo año se crearon los Institutos de Ciencias de la Educación (ICE) vinculados a las universidades, y el Centro Nacional de Investigaciones para el desarrollo de la Educación (CENIDE) con objeto de potenciar la investigación educativa a nivel nacional, coordinar los ICE y fomentar el perfeccionamiento del profesorado, que posteriormente se transformaría en el Instituto Nacional de Ciencias de la Educación (INCIE) y luego en el Centro de Investigación y Documentación Educativa (CIDE). También los ICE serían sustituidos por los Centros de Profesores (CEP), en 1984, con el auge del movimiento de desarrollo curri-cular que defiende un mayor protagonismo del profesorado y una formación más ligada a los centros.
En el desarrollo de la tecnología educativa cabe citar dos focos diferenciados: por una parte, se encuentran las divisiones de tecnología educativa de los ICE y, por otra, los departamentos universitarios. En relación con el primer foco, las divisiones de tecnología educativa de los ICE comenzaron exclusivamente como servicios de medios audiovisuales y pusieron en marcha el Seminario Permanente de Tecnología Educativa (cuya última reunión se celebró en 1985), coordinados por el Programa de Tecnología Educativa del INCIE y posteriormente CIDE. Este colectivo asumiría como guía de este campo de conocimiento la definición dada por la Comisión sobre Tecnología Educativa de Estados Unidos en el año 1970, adoptando una opción básicamente hardware, insuficiente para el desarrollo epistemológico de la tecnología educativa (Rodríguez Diéguez, 1982).
Institucionalmente se ha continuado potenciando el papel de los medios audiovisuales en las aulas, poniendo en marcha programas para la incorporación del video y del ordenador en el sistema educativo. Los proyectos Mercurio y Atenea, del Ministerio de Educación y Ciencia, junto con programas de carácter autonómico (Abaco, Abrente, Alhambra, entre otros) son un ejemplo de esta preocupación.

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En los departamentos universitarios se trabaja, desde la década del setenta, orientados por el enfoque de la tecnología instruccional (Ferrández y Sarramona, 1975) y posteriormente dando lugar a diferentes líneas de investigación, como más adelante se pondrá de manifiesto. Es una disciplina especialmente
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vinculada al área de "Didáctica y organización escolar", aunque algunos profesores universitarios, situados en el área de "Teoría de la educación", están aportando una fundamen-tación complementaría desde un enfoque tecnológico de la educación (Sarramona, 1990; Vázquez, 1993; García Carrasco, 1987,1996).
El colectivo de profesores universitarios de tecnología educativa están llevando a cabo, de forma continua, una reflexión crítica sobre el desarrollo académico e investigador de la tecnología educativa en el contexto educativo español, que toma forma en los encuentros anuales denominados Jornadas Universitarias de Tecnología Educativa, que se celebran desde 1993. En ellas, los profesores de estas disciplinas en las distintas universidades intercambian sus puntos de vista, metodologías, formas de trabajo, líneas de investigación, etc., y elaboran proyectos en común (Revista Interuniversitaria de Tecnología Educativa, Red Universitaria de Tecnología Educativa, páginas web de interés para el colectivo, investigaciones cooperativas, etc.). Las actas de las reuniones se han ido publicando, resultando una interesante documentación para analizar la realidad de la tecnología educativa en nuestro país (De Pablos, 1994; García-Valcárcel y otros, 1994; Alonso, 1997; Área, 1998).
La revisión de estos documentos nos permite concluir que ha habido una gran cantidad de planteamientos, tanto en la selección de los temas y problemas de estudio, como en la metodología y plataformas conceptuales en las que se ha apoyado la investigación realizada, si bien en la actualidad prevalece el estudio de las aplicaciones educativas de las nuevas tecnologías de la información y comunicación: internet, teleformación, multimedia educativo (Área, 2000). La revisión realizada por el autor le lleva a afirmar que existen algunas lagunas en la investigación que deberían ser abordadas en el desarrollo próximo de esta disciplina: nuevas tecnologías y género, educación intercultural y medios de comunica-

ción, análisis de las políticas educativas sobre tecnologías de la información, desigualdades en el acceso a la información, nuevos códigos de comunicación cultural, etc.
Se podrían determinar como pautas que marcan la evolución de la tecnología educativa las siguientes:
     Esta disciplina ha estado ligada a instituciones de educación superior.
     Sus líneas de trabajo se han basado en el estudio de las aplicaciones de medios y materiales a la enseñanza.
     Los medios han constituido el objeto de interés prioritario en la tecnología educativa, a pesar de que se han ido consolidando otras vertientes a través del tiempo: administración de las instituciones educativas, diseño y desarrollo educativo, servicios de información y producción de medios.
     Se tienden a buscar definiciones de tecnología educativa excesivamente globales y comprensivas.
CONCEPTUALIZACIÓN DE LA
TECNOLOGÍA EDUCATIVA Y
PRINCIPALES ENFOQUES DE LA
DISCIPLINA
La búsqueda de una definición de tecnología educativa y los presupuestos epistemológicos que están en la base de esta disciplina es una cuestión en la que se viene trabajando desde hace algunas décadas. En España, de forma algo más tardía, también surge esta preocupación e interés en delimitar los contenidos y ámbitos de estudio de la tecnología educativa (Área, 1991; De Pablos, 1994; Alba, 1994; Alonso, 1997); incluso desde el área de teoría de la educación se reflexiona sobre este asunto (Castillejo, 1987; Sarramona, 1986), tendiendo a identificar tecnología educativa con didáctica o pedagogía.

La conceptualización de la tecnología educativa va ligada a su evolución histórica como disciplina, como ya se ha puesto de manifiesto. Sin embargo, se mantienen en la actualidad distintos enfoques, unos con mayor aceptación que otros, por la comunidad de tecnó-logos educativos, y unos más desarrollados que otros en función de las tradiciones académicas de los distintos países (unos más proclives a análisis prácticos y otros a consideraciones ideológicas).

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